Periodismo y opinion
La sabiduria en la era de la inmediatez reflexiones sobre el
En un tiempo donde la velocidad parece ser el rasgo definitorio de la existencia humana, donde la inmediatez es la norma y la espera una molestia insoportable, el valor del conocimiento profundo y pausado se ha convertido en un tesoro en peligro de extincion. Alejandro Dolina, en su lucido y mordaz texto "Los garrones de la cultura", nos invita a una reflexion necesaria sobre esta tendencia a sacrificar el proceso en pos de un resultado inmediato, desnudando las carencias de una sociedad que parece haber olvidado el gozo intrinseco del aprendizaje.
Dolina despliega, con su inconfundible ironia, una critica mordaz hacia esa voracidad por el conocimiento acelerado, ofrecido en capsulas de cursos rapidos y certificaciones expres que prometen sabiduria instantanea sin esfuerzo alguno. En su texto, nos confronta con una pregunta incomoda pero esencial: ¿Que estamos dispuestos a sacrificar en nombre de la rapidez? La respuesta, tan evidente como inquietante, es que estamos renunciando a la profundidad, al detalle, al verdadero entendimiento de las cosas.
La educacion, tradicionalmente concebida como un proceso largo y complejo, es ahora vista como un tramite mas que resolver en el menor tiempo posible. Vivimos en una era en la que lo inmediato y lo facil tienen un atractivo innegable, mientras que el esfuerzo sostenido y el tiempo invertido en el aprendizaje son vistos casi como desperdicios. Sin embargo, Dolina nos recuerda que "aprender es hermoso y lleva la vida entera". En estas palabras, encontramos una verdad que choca frontalmente con el zeitgeist (espiritu del tiempo) de nuestra epoca: la sabiduria no se adquiere en un par de semanas ni se certifica con un diploma, sino que se construye lenta y pacientemente a lo largo de toda la vida.
El autor no se detiene en la simple denuncia de una tendencia; va mas alla, sugiriendo que este afan por la inmediatez no solo afecta la calidad del conocimiento, sino que tambien corrompe el caracter humano. En su analisis, aquellos que buscan obtener mucho sin entregar nada a cambio son "garroneros de la vida", oportunistas que rehuyen el sacrificio necesario para alcanzar la verdadera excelencia. En este punto, Dolina se adentra en una critica filosofica que trasciende el ambito educativo para tocar las fibras de la etica individual y colectiva.
En una sociedad donde el exito se mide por la rapidez con que se alcanza y no por la calidad del proceso, ¿que nos queda? Dolina nos invita a repensar nuestras prioridades, a desacelerar en aquellos aspectos de la vida que lo merecen, a saborear el placer del conocimiento adquirido con esfuerzo, a resistir la tentacion del "triunfe rapidamente". Porque, en ultima instancia, no se trata de llegar primero, sino de llegar con sabiduria, con una comprension profunda y real del mundo y de nosotros mismos.
Este llamado a la reflexion no es solo una critica al sistema educativo o a las tendencias culturales actuales; es, sobre todo, una invitacion a reevaluar nuestra relacion con el tiempo, con el aprendizaje y con la vida misma. En un mundo que avanza a toda prisa, es fundamental recordar que no todo puede ni debe acelerarse. Hay placeres, conocimientos y experiencias que, por su naturaleza, demandan lentitud, atencion y un compromiso sostenido. Y es en esa dedicacion donde reside la autentica riqueza del espiritu humano.
LOS GARRONES DE LA CULTURA
Alejandro Dolina
Los cirujanos, los sacamuelas, los locutores, los periodistas y los actores de teatro - que son, como se sabe, los espiritus rectores de la opinion filosofica- han dicho miles de veces que la caracteristica mas notable de nuestro tiempo es la velocidad.
Algunas personas sensibles suelen quejarse amargamente de este hecho, afirmando que nuestros galopes existenciales levantan demasiada polvareda. No les falta razon a estos sofocados pensadores, deseosos de resuello.
Pero hay que decir en defensa de la velocidad, que hay ocasiones en que no causa dano ninguno y hasta ayuda a hacer la vida un poco mejor. Por ejemplo, no es malo que el subterraneo tarde 20 minutos entre Chacarita y Leandro Alem, en vez de dos horas. Tampoco es malo reducir las tardanzas de un avion que va a Paris. Y es mejor curarse alguna peste en dos dias que en un ano. La velocidad nos ayuda a apurar los tragos amargos. Pero esto no significa que siempre debamos ser veloces. En los buenos momentos de la vida, mas bien conviene demorarse. Tal parece que para vivir sabiamente hay que tener mas de una velocidad. Premura en lo que molesta, lentitud en lo que es placentero.
Entre las cosas que parecen acelerarse figura -inexplicablemente- la adquisicion de conocimientos. En los ultimos anos han aparecido en nuestro medio numerosos institutos y establecimientos que ensenan cosas con toda rapidez: haga el bachillerato en seis meses, vuelvase perito mercantil en tres semanas, avivese de golpe en cinco dias, alcance el doctorado en diez minutos.
Muchas veces me he imaginado estos cursos bajo la forma de una pelicula filmada a camara rapida, con alumnos atropellandose en los pasillos, permisos para ir al bano denegados y capitulos de la historia groseramente mutilados. Capitulo seis: los fenicios. Los fenicios eran un pueblo de mercaderes, etcetera. Capitulo siete: Grecia. Los griegos inventaron la tragedia, las cariatides, etcetera. Capitulo veinte: La Edad Contemporanea. La Edad Contemporanea comienza con la Revolucion Francesa y todavia sigue, etcetera.
Calculo que el asunto no sera tan grave. Supongo que se tratara de conseguir la maxima concentracion mental por parte del alumno. Supongo tambien que no se perdera tiempo en tonterias. De todos modos, no se si esto es suficiente para reducir el tiempo de un aprendizaje a la quinta parte. Quiza se supriman algunos detalles. ¿Que detalles? Desconfio.
Yo he pasado siete anos de mi vida en la escuela primaria, cinco en el colegio secundario y cuatro en la universidad. Y a pesar de que he malgastado algunas horas tirando tinteros al aire, fumando en el bano o haciendo rimas chuscas, puedo decir que para aprender las pocas destrezas que domino tuve que usar intensamente la pensadora. Y no creo que ningun genio recorra en un ratito el camino que a mi me llevo decenios.
¿Por que florecen estos apurones educativos? Quiza por el ansia de recompensa inmediata que tiene la gente. A nadie le gusta esperar. Todos quieren cosechar, aun sin haber sembrado. Es una lamentable caracteristica que viene acompanando a los hombres desde hace milenios.
A causa de este sentimiento algunos se hacen chorros. Otros abandonan la ingenieria para levantar quiniela. Otros se resisten a leer las historietas que continuan en el proximo numero.
Por esta misma ansiedad es que tienen exito las novelas cortas, los teleteatros unitarios, los copetines al paso, las senoritas livianas, los concursos de cantores, los libros condensados, las maquinas de tejer, las licuadoras y en general, todo aquello que nos ahorre la espera y nos permita recibir mucho entregando poco.
Todos nosotros habremos conocido un numero prodigioso de sujetos que quisieran ser ingenieros, pero no soportan las funciones trigonometricas. O que se mueren por tocar la guitarra, pero no estan dispuestos a perder un segundo en el solfeo. O que le hubiera encantado leer a Dostoievsky, pero les parecen muy extensos sus libros.
Lo que en realidad quieren estos sujetos es disfrutar de los beneficios de cada una de esas actividades, sin pagar nada a cambio. Quieren el prestigio y la guita que ganan los ingenieros, sin pasar por las fatigas del estudio. Quieren sorprender a sus amigos tocando "Desde el Alma" sin conocer la escala de si menor. Quieren darse aires de conocedores de literatura rusa sin haber abierto jamas un libro. Tales actitudes no deben ser alentadas, me parece. Y sin embargo eso es precisamente lo que hacen los anuncios de los cursos acelerados de cualquier cosa. Emprenda una carrera corta. Triunfe rapidamente. Gane mucho vento sin esfuerzo ninguno.
No me gusta. No me gusta que se fomente el deseo de obtener mucho entregando poco. Y menos me gusta que se deje caer la idea de que el conocimiento es algo tedioso y poco deseable. No senores: aprender es hermoso y lleva la vida entera. El que verdaderamente tiene vocacion de guitarrista jamas preguntara en cuanto tiempo alcanzara a acompanar la zamba de Vargas. "Nunca termina uno de aprender" reza un viejo y amable lugar comun. Y es cierto, caballeros, es cierto.
Los cursos que no se dictan
Aqui conviene puntualizar algunas excepciones. No todas las disciplinas son de aprendizaje grato. Y en alguna de ellas valdria la pena una aceleracion. Hay cosas que deberian aprenderse en un instante. El olvido, sin ir mas lejos. He conocido senores que han penado durante largos anos tratando de olvidar a damas de poca monta (es un decir). Y he visto a muchos doctos varones darse a la bebida por culpa de senoritas que no valian ni el precio del primer Campari. Para esta gente seria bueno dictar cursos de olvido. Olvide hoy, pague manana. Asi terminariamos con tanta canalla inolvidable que anda dando vueltas por el alma de la buena gente. Otro curso muy indicado seria el de humildad. Habitualmente se necesitan largas decadas de desenganos, frustraciones y fracasos para que un senor soberbio entienda que no es tan picaro como el supone. Todos -el soberbio y sus victimas- podrian ahorrarse centenares de episodios insoportables con un buen sistema de humillacion instantanea.
Hay -ademas- cursos acelerados que tienen una efectividad probada a lo largo de los siglos. Tal es el caso de los sistemas para ensenar lo que es bueno, a respetar, quien es uno, etcetera. Todos estos cursos comienzan con la frase "Yo te voy a ensenar" y terminan con un castanazo. Son rapidos, efectivos y terminantes.
Elogio de la ignorancia
Las carreras cortas y los cursillos que hemos venido denostando a lo largo de este opusculo tienen su utilidad, no lo niego.
Todos sabemos que hay muchos que han perdido el tren de la ilustracion y no por negligencia. Todos tienen derecho a recuperar el tiempo perdido. Y la ignorancia es demasiado castigo para quienes tenian que laburar mientras uno estudiaba. Pero los otros, los buscadores de exito facil y rapido, no merecen la preocupacion de nadie. Todo tiene su costo y el que no quiere afrontarlo es un garronero de la vida. De manera que aquel que no se sienta con animo de vivir la maravillosa aventura de aprender, es mejor que no aprenda.
Frecuento a centenares de personas bondadosas, sensibles y llenas de virtud que desconocen minuciosamente el teorema de Pitagoras. Despues de todo, es preferible ser ignorante a ser estupido. Mas aun cuando la estupidez es el producto de una mala educacion. Oscar Wilde vio mejor que nadie este asunto de la estupidez ilustrada. "Hay hombres llenos de opiniones que son absolutamente incapaces de comprender una sola de ellas". Tenia razon el irlandes. Yo propongo a todos los amantes sinceros del conocimiento el establecimiento de cursos prolongadisimos, con anuncios en todos los periodicos y en las estaciones del subterraneo. Aprenda a tocar la flauta en cien anos. Aprenda a vivir durante toda la vida. Aprenda. No le prometemos nada, ni el exito, ni la felicidad, ni el dinero. Ni siquiera la sabiduria. Tan solo los deliciosos sobresaltos del aprendizaje.
Asi, al final de este recorrido por las ideas de Dolina, nos queda una leccion clara y contundente: la verdadera sabiduria no se mide en diplomas ni en titulos, sino en la capacidad de disfrutar cada paso del camino del conocimiento. En un mundo que idolatra la velocidad, aprender a saborear la lentitud se convierte en un acto de resistencia y, al mismo tiempo, en la unica via hacia la autentica comprension. ¿Estamos dispuestos a aceptar este desafio? ¿A reivindicar el valor del aprendizaje lento en una era que nos empuja constantemente a correr? La respuesta, como el verdadero conocimiento, no puede ser inmediata; necesita ser madurada, reflexionada, vivida. Solo entonces, estaremos mas cerca de la sabiduria.